Hoy he visto la película de Avatar. El director y productor James Cameron no había estrenado nada desde "Titanic" en 1997.
La larga espera, dicen, era porque quería hacer una película tan perfecta que los medios para lograrla no habían sido posibles hasta ahora. Quizás esta espera ha hecho al público, junto con la publicidad y lo "cara que ha salido", que esperase la película definitiva, de las mejores de la historia.
Pero por desgracia, desde mi punto de vista como espectador, siendo quien finalmente decide si una película es buena o mala y paga por ella, este largometraje podría compararse, en su argumento, a millones de ellos. Es cierto que los efectos especiales son "inmejorables" (en este momento de la historia) y que de verla, merece la pena que se haga en HD 3D, como la he disfrutado yo.
Ahora, la historia narrada deja mucho que desear, no deja de ser una de tantas, una más de amor, recordando a películas tan infantiloides como Pocahontas. Con los efectos especiales que gasta el largo, ya podían haber metido "más chicha", expresado en lenguaje de la calle, a las escenas de acción.
Hay momentos de la "peli" en los que perfectamente puedes echar una cabezadita y tampoco pierdes demasiado el hilo... quedará para los restos como una película más de domingo a mediodía en la televisión pública.
Esta claro que se llevará muchos preciados Óscars, de acuerdo, por los efectos especiales, podría ser, pero al ser una película tan cara y tan taquillera, puesto que ha recaudado, para hacernos una idea, en España en su primer fín de semana 70,8 millones de €, significa que es una película muy rentable y por ello "merece" las deseadas estatuillas, concepto financiero con el que no estoy de acuerdo en absoluto.